Fue un político iraquí. Ejerció el cargo de presidente (considerado por sus acciones dictador) de su país entre 1979 y 2003. Miembro destacado del revolucionario Partido Baaz Árabe Socialista y, luego, de la facción iraquí del partido y de su organización regional, Sadam jugó un rol clave en el golpe de 1968 (luego denominado «Revolución del 17 de julio»), que llevó a la rama iraquí del partido al poder en el país.
Como vicepresidente del general Ahmed Hasan al-Bakr, y en un momento en el cual muchos grupos eran considerados capaces de derrocar al gobierno, Sadam creó fuerzas de seguridad a través de las cuales controló de forma férrea los conflictos entre el gobierno y las fuerzas armadas. A comienzos de la década de 1970, Sadam nacionalizó el petróleo y los bancos extranjeros. A lo largo de la misma década, cementó su autoridad sobre el aparato del Gobierno, mientras el dinero del petróleo ayudaba a la economía de Irak a crecer a un ritmo veloz. Las posiciones de poder en el país fueron cubiertas en gran parte con árabes suníes, una minoría que constituía solo un quinto de la población.
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